Si no tuvieras miedo, ¿qué harías?

Me dolían los ojos

Me dolían los ojos de lo bonito que era el paisaje. Llegamos a Noruega en 2018 conduciendo, con dos niños pequeños detrás y la idea de quedarnos con el coche. No duró: mantenerlo aquí costaba tanto que acabamos llevándolo de vuelta a España. Fue la primera lección, y no la más cara.

La más cara fue la vivienda, como en casi todos los comienzos. Con dos niños pequeños había un mínimo al que no estaba dispuesta a renunciar, y tuvimos suerte: la casa estaba apalabrada desde España. Pero estaba en obras, las llaves tardaron por un problema con el agua, y mientras tanto vivimos en un camping de mala muerte, con sábanas de papel, y pagando un dineral. El primer mes, antes de la primera nómina, casi nos quedamos sin ahorros.

Y eso que lo teníamos más fácil que mucha gente. Mi marido venía con trabajo en una gran empresa de aquí, que pagó la mudanza y nos allanó buena parte de los papeles. Aun así hubo trabas burocráticas. Siempre las hay.

Lo que no se dice

Lo más difícil, sin embargo, no fue eso. Fue no poder quejarse. Cuando algo no funciona, o cuando notas que te tratan distinto por venir de donde vienes, cuesta decirlo en voz alta.

Primero, porque cuesta reconocértelo a ti misma: el racismo, y sobre todo los microrracismos, se disfrazan de malentendido. Y después, porque parece que no tienes derecho. Existe esa idea romántica del país que acoge, y quien se queja queda como desagradecida. Así que te lo callas. Y lo que te callas pesa.

Tampoco esperaba que encontrar trabajo fuera tan difícil. En España nunca había estado en paro y pensé que aquí sería cuestión de poco. No lo fue.

A eso se sumaron unos problemas de salud que me dejaron devastada, y la lucha no fue solo por dentro. El sistema sanitario noruego mira la salud de una manera muy distinta a la española, y entender esa diferencia, y buscar dentro de ella lo mejor para mí, me llevó tiempo. Te lo contaré con calma en otra entrada.

Solo nos teníamos el uno al otro

En la pareja cambió algo que nadie te cuenta antes de irte: de repente solo nos teníamos el uno al otro. Eso estaba bien. Pero no había escape. Ni una amiga con la que tomar un café, ni una tribu que repartiera un poco el peso.

En un país con poca vida social, convivir lejos de casa es muchísimo más intenso. Si estáis pensando en emigrar en pareja, haced alguna prueba antes. ¿Qué tal lleváis una semana de teletrabajo los dos en casa?

Lo que me ayudó

Me ayudaron las personas. Ver cómo se adaptaba cada una: cómo había conseguido trabajo, cómo había sacado tal papel, qué nivel de idioma le había bastado y para qué. Casi nunca hay una sola estrategia. Cuanto más abierta estás a las de los demás, más aprendes.

También por eso estudié Psicología. Venía de la Sociología, que me había enseñado a mirar el contexto, y necesitaba entender algo más: por qué hacemos lo que hacemos.

Hoy soy graduada en Psicología, tengo un máster de Sociología en Migraciones y llevo muchos años trabajando en banca y seguros. Leo muchísimo sobre todo lo que tiene que ver con la mente, la migración y los vínculos. Y desde hace tiempo la gente me busca para hablar de pareja, de tener hijos y de criarlos, y también de hipotecas, seguros, intereses e impuestos, que son mi día a día. Muchas veces lo que necesitaban no era una respuesta, sino alguien que les ayudara a ordenar la pregunta.

Lo que me hubiera gustado encontrar

Antes de decidir venirnos leí una frase en una calle de Lanaja: «Si no tuvieras miedo, ¿qué harías?». hellobergen sale de ahí. Es abrirme a vivir esta experiencia con intensidad, pase lo que pase. Aquí estoy, dispuesta a pasarlo bien y a pasarlo mal.

Y es, sobre todo, lo que me hubiera gustado encontrar cuando llegué: una mentora al otro lado que ya ha pasado por unos cuantos de esos baches y te ayuda a evitarlos. Que te escucha de verdad y te dice las cosas claras. Que te ayuda a ver qué opciones tienes y las analiza contigo.

No ejerzo como psicóloga. Trabajo como coach: desde el principio acordamos cuántas sesiones vamos a tener y qué queremos conseguir, y entre una y otra la conversación sigue. No te suelto cuando se cierra la videollamada; lo retomamos en la próxima, o más adelante, cuando lo necesites.

No tienes que empezar de cero. Si algo de esto te suena, escríbeme. Te leo yo.

Pao

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Pao Martinez

Soy Paola. Acompaño en español a personas y parejas que viven lejos de casa, en la pareja, el dinero y la vida fuera.

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