Cuando te preguntan por qué emigraste, ¿cuentas la verdad? ¿Y te la cuentas a ti?
Hace unos días vi en Instagram un vídeo de una suegra hablando con su nuera. La suegra era estadounidense. La nuera, latina o española, no lo sé, y se llamaba Paola, como yo. Quizá por eso me quedé mirando.
La suegra le decía que estaba orgullosa de ella, que lo estaba haciendo muy bien como madre. Que qué suerte tenían de que formara parte de la familia, y que nunca se había imaginado a su hijo con alguien tan maravillosa.
Lo vi dos veces. Y me quedé con una pregunta que ya no tenía nada que ver con ellas: ¿cómo es la vida cuando tienes a alguien que te dice eso?
La respuesta que tenemos preparada
A los que vivimos fuera nos preguntan mucho por qué nos fuimos. Y casi todos tenemos una respuesta hecha, de las que funcionan en una cena y no abren más preguntas.
La mía es esta: queríamos que los niños conocieran otras culturas, otro idioma, otra manera de vivir. Es verdad. Pero no es toda la verdad.
No hablo de quien huye de una guerra o de quien no llega a fin de mes. Hablo de gente como yo, y como muchas de las personas que conozco aquí: con estudios, con trabajo, que podríamos haber seguido perfectamente en España o en nuestro país. Y aun así nos fuimos. ¿Por qué?
Cada vez más lejos
Yo me fui de casa a los 17. Primero a Santiago, tres años. Luego a Barcelona, doce. Después a Huesca, cinco. Y en 2018, a Noruega. A Coruña no volví nunca a vivir.
Durante mucho tiempo me conté que era por trabajo. ¿Qué habría hecho yo en Coruña? Pero si lo miro de frente, el argumento no se sostiene. Encontré buen trabajo en Barcelona, y más de uno. Lo encontré en Huesca. Lo encontré en Noruega, en otro idioma. Cada vez empezando de cero. ¿De verdad no lo habría encontrado en mi ciudad, con mi gente y mi red?
Me fui por otra cosa. Me fui porque en casa había momentos en los que no podía ser yo misma. No hace falta contar más: quien lo ha vivido sabe de qué hablo.
Y luego está la otra pregunta, la que más me remueve. No solo por qué me fui, sino por qué me he ido cada vez más lejos.
Lo que no tuve
Vengo de una familia que lleva tres generaciones en movimiento. Mi abuelo emigró de Galicia a Uruguay, y después fue mi abuela. Mis padres se conocieron allí, y la familia de mi madre también venía de fuera, como la de casi todos los uruguayos. Vinieron a España muy jóvenes, antes de que yo naciera.
Así que nunca tuve familia extensa. No había casa de los abuelos para ir los domingos. Mi abuelo murió y mi abuela volvió a Galicia, pero trabajaba interna en una casa que no era la suya. No tuve aldea ni pueblo. No tengo hermanos. Mi única referencia de familia era la mía.
Este verano pasé unos días en la aldea de una amiga, con toda su familia. Y vi algo que me tocó por dentro: unos padres generosos con sus hijos y con la vida en general, unos hermanos que se buscan, un cariño que no había que ganarse. Mi amiga también se fue a estudiar fuera. Pero al terminar, volvió. No se fue cada vez más lejos.
Y no, no creo que esto vaya de haberlo tenido fácil. Va de otra cosa: de vivir desde la seguridad. Cuando volvió, mi amiga montó su propia empresa, y no una cualquiera: una inversión enorme y muchísimo trabajo para conseguir lo que se había propuesto. No buscó el camino cómodo, eligió uno bastante arriesgado. Pero lo eligió desde suelo firme. Y desde ahí, alguien con su talento y su empuje puede arriesgar más, ser más creativa y atreverse a más, porque sabe que si se cae hay quien la sostenga.
Por eso me pregunto: si partes de esa base, ¿cómo de distinta puede ser tu vida? ¿Tendrías las mismas necesidades? ¿Te habrías ido? ¿Habrías vuelto?
Y tú, ¿por qué te fuiste?
No creo que todo el que emigra esté huyendo de algo. Hay quien se va por amor, por curiosidad, por una oferta que no podía rechazar. Pero sí creo que vale la pena hacerse la pregunta sin la respuesta estándar que das en la cena.
No para hurgar, ni para buscar culpables. Para entender qué venías buscando, y si lo has encontrado.
Así que te la dejo aquí. Cuando alguien te pregunta por qué te fuiste, ¿qué contestas? ¿Y qué te contestas cuando no hay nadie delante?
Desde la planta cero
Yo he construido mi vida desde el sótano menos tres. No lo digo con pena. Lo digo porque sé lo que cuesta subir cada planta.
Mis hijos van a empezar en la planta cero. Y desde ahí, que lleguen a donde quieran. Si quieren quedarse en la primera, la primera. Si quieren la quince, la quince. Pero no quiero que tengan que caminar todo lo que yo he caminado solo para llegar al suelo. Ni ellos, ni mis amigos, ni la familia que vendrá el día que mis hijos tengan pareja.
Quiero ser esa madre. Quiero ser, el día de mañana, esa suegra del vídeo, la que le dice a quien llega a la familia que qué suerte tenerla. Quiero ser como los padres de mi amiga. Esas personas me inspiran, y son la razón por la que hago lo que hago.
Si te apetece pensar tu respuesta con alguien, aquí estoy.

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